INSTRUCCIONES PARA FABRICAR UNA GUERRA

17 de Noviembre, 2009

A finales de los años cuarenta del siglo pasado el psicólogo
Muzafer Sherif, consiguió fabricar una guerra sin necesidad de
religiones, disputas ideológicas o enclaves estratégicos. 
Lo siniestro del asunto es que tampoco le costó demasiado conseguirlo.

En cuanto lo hizo, los dos colectivos empezaron a estructurarse. Los
chavales se apresuraron a encontrar un papel en su grupo: líder,
gracioso, cimentador, protegido, gracioso,… 
Cuando los roles ya estaban establecidos, el ladino psicólogo pasó al
siguiente nivel del juego: se dedicó a fomentar la competitividad entre
ellos.
Para ello, ideó tareas en las que sólo un grupo pudiera alcanzar el
éxito: el inevitable partido de fútbol y el viejo juego de tirar de una
cuerda servían muy bien para ese fin. Asumiendo el papel de sheriff en
este tipo de tareas, el investigador consiguió crear una guerra entre
“Águilas” y “Serpientes”.
La hostilidad entre los dos grupos fue aumentando y pronto empezaron las
peleas y los insultos. El psicólogo había conseguido crear un ambiente
bélico tan realista que, en poco tiempo, comenzó la quema de banderas,
un ritual simbólico que no falta en las disputas nacionalistas.
Enfrentando a los dos grupos en juegos competitivos, Sherif logró
también otro fenómeno clásico de racismo: los miembros de un grupo no
hablaban de los miembros del otro como “Águilas” o “Serpientes”, sino
que inventaron epítetos despectivos. Por último, logró un efecto
paradójico que también ocurre en los conflictos de la vida real:
cuando el psicólogo favorecía a un determinado grupo injustamente, los
miembros del otro no reaccionaban contra el causante de la injusticia,
sino contra el otro grupo.
Con métodos sencillos y sin necesidad de patrias, razas ni clases
sociales, Muzafer Sherif creó una guerra en la que la excusa eran todas
estas cuestiones.

La teoría que intentó plasmar Sherif en su
experimento era sencilla,
pero importante.  Según él, los conflictos surgen cuando dos grupos
compiten por algo en lo que sólo uno puede ganar.  Si un colectivo
siente que, para alcanzar su objetivo, tiene que luchar contra otro,
nacerá una guerra. 
¿Y qué se necesita, entonces, para que una guerra termine?  Según
Sherif, que se dé el fenómeno contrario: que los grupos crean que es
mejor unirse para alcanzar sus objetivos.

Sherif puso manos a la obra y dio un final feliz a su
experimento.   Unió a los “Águilas” y los “Serpientes” en
actividades en las que tuvieran que cooperar para conseguir una meta.
Repararon juntos un camión averiado, hicieron un grupo de trabajo común
para suministrar agua al campamento, tendieron un puente desde las dos
orillas de un río… Eran trabajos en las que unos necesitaban la
cooperación de los otros y esto hizo que se unieran.

Sherif aportó ideas para acabar con la tristeza que siempre producen
las guerras, aunque se ganen.  El duque de Welington sentenció “Nada,

excepto una batalla perdida, puede ser tan melancólico como una batalla
ganada
”. 

Al igual que Sherif, éste militar sabía que el camino de la
violencia siempre es frustrante.

Porque sólo se puede ser feliz después de alcanzar un objetivo si uno
sabe que no ha tenido que dejar muertos por el camino.

Clasificado bajo: HIJOS

DEL FUTURO, TRISTEZAS NECESARIAS, VIAJANDO EN DIRECCIÓN DEL MIEDO | 223
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