Todos los que suponen que el todo es uno, que no admiten más que un

solo principio, la materia, que dan a este principio una naturaleza

corporal y extensa, incurren evidentemente en una multitud de errores,

porque sólo reconocen los elementos de los cuerpos, y no los de los seres

incorporales; y sin embargo, hay seres incorporales, y después, aun cuando

quieran explicar las causas de la producción y destrucción, y construir un

sistema que abrace toda la naturaleza, suprimen la causa del movimiento.

Otro defecto consiste en no dar por causa en ningún caso ni la esencia, ni

la forma; así como el aceptar, sin suficiente examen, como principio de

los seres un cuerpo simple cualquiera, menos la tierra; el no reflexionar

sobre esta producción o este cambio, cuyas causas son los elementos; y por

último, no determinar cómo se opera la producción mutua de los elementos.

Tomemos, por ejemplo, el fuego, el agua, la tierra y el aire

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