La radio necesitó 38 años para alcanzar un mercado de 50 millones de personas, la TV necesitó 13 años, el Internet 4 años, el “Ipod” 3 años, y elFacebook sólo 2 años.

Se calcula que una semana de ediciones del New YorK Times contiene más información

que, en el siglo XVIII, una persona ilustrada habría necesitado toda una vida para

conseguirla

En el 2008, el número de mensajes de textos enviados y recibidos excedió el número total de la población del planeta. (aprox. 6,740’ 422,806.)

En este ensayo se reflexiona sobre las nuevas formas de sociabilidad, las modificaciones en la percepción espaciotemporal, las reconfiguraciones territoriales que la nueva estructuración de la información impone.

Se trata del pasaje de sociedades informáticas y de las de comunicación hacia las cibersociedades, caracterizadas por un tipo de organización de la información horizontal, que supone un aprovechamiento  del espacio virtual, y de las posibilidades de interacción y de interconexión entre los sujetos. Estas cibersociedades y ciberculturas introducen una de  las formas de actuar y de percibir lo social: Alejado del esquema vlas nuevas ecologías y sociabilidades invitan a transformar e l mundo real a través del mundo virtual.  La sociedad está ahí, nos rodea; es nuestro día a día, lo común, lo evidente, lo seguro, lo cierto. Por una parte es lo que siempre rodea nuestra acción, lo que constituye las situaciones en que actuamos, sus contextos. Y por tanto es segura, previsible, se explora y se va conociendo cada vez mejor. Y por otra parte es el umbral de lo desconocido, de lo amenazante, de lo peligroso. Mientras no tenemos un dominio ecológico completo algo nos puede pasar, algo nos puede dañar. Pero resulta que es muy poco probable que alguien tenga en algun momento un total dominio ecológico, y al momento siguiente lo pueda mantener. Lo social es entonces un marco constante de un claro obscuro de luz y sombra. La garantía para la incertidumbre de lo social es que mañana al levantarme todo el mundo siga ahí y sea el mismo. Es decir, que no cambie, que no se mueva. Y por supuesto una de las claves para que eso suceda es que yo tampoco cambie, que sea el mismo. El exterior y el interior están entonces en un aparente equilibrio estático. Lo que sabía del mundo ayer es lo mismo que necesito saber para el mundo de hoy, y por tanto basta que conozca el mundo una vez y eso me servirá para siempre, para siempre, para siempre. La sociedad texto es una configuración fija de representaciones sobre el mundo de las relaciones entre los seres vivos parlantes y creadores de posibilidades. Esa es la paradoja, un mundo construido para inhibir la imaginación y la construcción de lo posible. Pero así puede ser y funciona. El libro es la mejor metáfora de la sociedad texto. Siempre el mismo, idéntico a sí mismo día a día, año tras año, permanente mientras no se desintegre. Pero con una condición. El libro eterno requiere una lectura eterna. Es decir, tanto texto como lectura deben ser estables y fijas por siempre, que la mente tome la imagen del cristal, siempre limpio y puro, inmóvil y confiable. Y una sociedad fue construida, levantada sobre la la inmovilidad. Y la energía fue invertida en que así fuera y esa sociedad pareció perpetuarse en el tiempo, anularlo por completo, vencerlo. Pero no, el mundo cambió y lo eterno humano se desmoronó y desapareció, o casi. Otra sociedad apareció; el texto permaneció como figura que obliga, que ordena, que organiza, pero la lectura se liberó. Otro mundo emergió de las posibilidades de interpretar, de significar. El control sobre la mente se mantuvo gracias a la textualidad como imagen de la disciplina que permite avanzar. La gramática ocupó el lugar del texto para leer y ser leído. En principio cualquiera que tuviera acceso a las normas de construcción podría leer lo armado a partir de ellas, y podría escribir. Pero no fue así, muchos tuvieron la oportunidad de leer, pero pocos tuvieron la oportunidad de escribir y de ser leídos. El control sobre el texto garantizó aún cierto control, más sutil, con menos gasto energético, con mayores posibilidades de manejo de la apariencia de la nueva libertad gramatológica. La metáfora de la gramática abrió al espacio social, diversificó a la población. el número de textos se multiplicó y el de lectores también. Aquella sociedad de pocos textos, pocos escritores y pocos lectores pronto cambió su configuración. Y hubo más lectores escritores potenciales, pero no escribían, y si escribían no tenían opciones de ser leídos. El control sobre la difusión de los textos, así como sobre su producción material, permitió que el antiguo paradigma se continuara aun con una ecología gramatical emergente. La sociedad gramatical proponía la libertad de lectura y de escritura, pero sólo permitía la primera, y bajo ciertos condicionamientos de aparatos políticos, ideológicos y económicos. Tuvo que llegar la cibersociedad para abrir el espacio a la escritura y con ello cumplir el ciclo de lo cerrado a lo abierto de la textualidad. El hipertexto permitió por primera vez la posibilidad de construcción de la textualidad desde la lectura. Antes, sólo la lectura se movía, la textualidad quedaba intacta, sólo parecía agitarse en la multiplicación de los textos a partir de respuestas de unos a otros desde lecturas diversas. En el hipertexto el texto mismo se modifica en la lectura. Y hay más. La multinteractividad permite la configuración de la textualidad construida en tiempo real desde distintos lugares y puntos de vista. La revolución de la cibersociedad trajo nuevos cursos metafóricos; ahora es posible leer y escribir, y hacerlo en grupo y colectivamente, no sólo la interactividad sino la multinteractividad, no sólo la escritura sino la hipertextualidad. El tiempo pasó y la sociedad cambió, el ciberespacio social inaugura la metáfora de la configuración de mundos distintos desde la interacción real en el espacio virtual. Y sí,

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